Cuando una mercancía llega a un almacén, lo habitual es pensar que el siguiente paso será colocarla en una ubicación hasta que sea necesaria. Pero… ¿es siempre necesario?
Imaginemos una mercancía que llega por la mañana y cuyo destino ya conocemos. Sabemos que debe salir esa misma tarde o al día siguiente. Podríamos recepcionarla, ubicarla en su sitio, almacenarla, volver a recogerla unas horas después, llevarla nuevamente hasta expedición y enviarla.
O podríamos hacernos una pregunta mucho más sencilla: ¿Es realmente necesario almacenar una mercancía que ya sabemos dónde tiene que ir y sabiendo que su salida será ese mismo día?

